Probablemente AK-47 soviético por la forma gastada de la culata, aunque también los hay cortos, como los Kaláshnikov checos que se ven en las guerras de África y son más modernos que los soviéticos; los hay por supuesto IMI Galil israelíes con sus cargadores de plástico y aluminio como los del AK; y también, pero pocos M16, y varios STG 44, muy letales, colgados al hombro de rapers que se podrían ver fácilmente cantando y bailando en vídeos de MTV. Hay también varios guardias caminando por las principales vías centrales de la favela portando lanzagranadas del tipo armables y cinturones con granadas y bombas lacrimógenas… Noté cierto nerviosismo en mi acompanhante, pero también observé mucha indiferencia, tal vez naturalidad, en los transeúntes que saturan las vías de arriba a abajo, por lo que me sentí tranquilo, aunque pasan en motos apuntandote mientras se desplazan y mi inexperiencia en zonas de guerra y armas me hace imaginar que una bala se les escapa y me mata. Pero mejor no pensar en eso. Un auto manejado por un borracho en Chile en plenas fiestas patrias puede ser incluso más letal. Aquí hay un orden distinto, los narcos dicen que protegen a la gente a su manera, que la protegen contra la policía misma, a quien casi todos en la favela identifican como los verdaderos “malos de la película”.
Juguetes en la Favela
Mayo 27th, 2010 by Hernan Poblete MirandaDía 1 ~ Inserción en Favela de Río de Janeiro
Mayo 23rd, 2010 by Hernan Poblete MirandaEl lunes pasado (segunda feira) también se inició la inserción del equipo de investigación IMR en Rio de Janeiro. El equipo compuesto por Fernando, Thales y Carlos, estará en forma paralela trabajando en la pesquiza de investigación IMR en una de las favelas más populosas de la ciudad Carioca. Igualmente, estaremos publicando entradas en el blog del día a día de esta etapa a partir de ahora…
A continuación, un texto de Carlos, coordinador general de la investigación IMR, sobre su ingreso a la favela en Río:
miércoles 19 de mayo de 2010
- Si no estudias terminaras viviendo en una Favela!!
En la tarde, cuando ya había tenido mi reunión y antes de regresar al hotel, entré a un bar a comprarme una botella de agua mineral. Al pagar y recibir el cambio se me salió un “gracias” en español y entonces la señora que me atendía (una matrona negra, de labios gruesos y ojos negros chispeantes) me miró, sonrió, y me dijo Bem Vindo.
Nuevo Estudio IMR en Favelas de Brasil
Mayo 23rd, 2010 by Hernan Poblete MirandaDia 1 ~ Inserción en Favela de Sao Paulo
Identificar qué se entiende por Riesgo es la Clave (2ª Parte)
Marzo 27th, 2010 by Hernan Poblete MirandaConsciente o no, la industria/cultura de seguros construye su quehacer sobre nociones o ideas que posee la Sociedad sobre el “Riesgo”. Es desde una particular idea del riesgo que todo el andamiaje de productos y servicios aseguradores se desenvuelven y desarrollan, distribuyéndose entre la población en diversos grados de profundidad. Será, por ejemplo, gracias a si posee o no una conciencia de la responsabilidad individual ante un determinado daño o perjuicio, que un hombre o mujer tomará la decisión de traspasar el riesgo a un ente especializado, a cambio de una pequeña cuota de dinero que llamaremos prima.
El RIESGO, por tanto, implica una conciencia individual o colectiva respecto de que la responsabilidad de protección ante la ocurrencia de un hecho fortuito/potencial será atribuible a la voluntad de esos individuos.
En IMR, no obstante, hacemos una distinción respecto del “riesgo” cuando hablamos de microseguros; esta es, que ante la posibilidad de un evento catastrófico (sea la muerte, un accidente, la pérdida parcial o total de algún miembro o bien), no todas las personas ni sociedades atribuyen a un acto de voluntad individual la responsabilidad de estar preparados o asegurados.
Por lo general, en los ámbitos marginales de la sociedad está instalada la idea de que la condición de vulnerabilidad es resultado de una responsabilidad externa a ellos, y que no existe margen para acciones de carácter individual de protección, pues el destino es una entidad predeterminada, escrita de antemano por Dios: “me sucedió tal pérdida porque Dios quiso que fuera así y no hay nada que hacer al respecto”… “Nos sucedió esa desgracia porque siempre ha sido así con nosotros los pobres; le pasó a mi abuelo, le sucedió a mi padre, y me preguntaba cuando me iba a suceder a mí…”
Este estado o posición frente a la eventual pérdida -qué es en realidad, y, en forma TOTAL, una postura ante la vida que explica en parte la condición de “pobre”-, es atribuida por éste a un acto superior externo, asociado al “destino”. A un destino determinado y fatalista. Y desde la perspectiva IMR lo distinguimos del acto individual y voluntario, RIESGO, de las clases de mayores ingresos y oportunidades, como el concepto de PELIGRO en los segmentos de la base de la pirámide.
Así, la dicotomía RIESGO/PELIGRO será fundamental como concepto a operar en productos y acciones de mercadeo, e incluso en acciones de intervención para el desarrollo de estas comunidades marginales, objetos de la oferta de microseguros.
Saber qué y cómo consumen los sectores de baja renta que viven y sobreviven en la base de la pirámide, NO basta para entender el devenir de los microseguros. También es necesario comprender qué tan arraigadas están las posiciones del “PELIGRO” en sus conciencias y en la cultura económica colectiva, ante la la pérdida de un bien o la vida.
Sao Paulo, Brasil, Marzo de 2010
Identificar qué se entiende por Riesgo es la Clave
Marzo 19th, 2010 by Hernan Poblete MirandaNo es fácil comprender a las personas de otras culturas. La cultura es un marco conceptual que actúa como anteojera o filtro que recubre el entendimiento y tamiza la realidad. La cultura no sólo es un conjunto de usos y costumbres particulares (muchas veces llamativos y graciosos), sino complejos universos de entendimiento construidos en base a suposiciones. La cultura por lo general no se ve cuando se está inmerso en ella. Se hace normal. Quien nace y se cría en una determinada cultura percibirá el mundo desde su propia “óptica” y tenderá a entenderlo como realidad. Las cosas serán “reales” para esta persona, aun cuando un observador externo considere que aquel individuo esté equivocado porque vive en un mundo de ilusiones que le hace creer, por ejemplo, que desciende directamente de un dios o es hijo del maíz o el primer hombre fue construido de barro y la mujer de una costilla. Para otro grupo de personas será real y verdadero que las vacas son sagradas y no se pueden comer, dejándolas vivir en libertad y paciendo por las calles y los campos. Para otro observador, esto parecerá una aberración, toda vez que a pocos metros de esas vacas sagradas, familias enteras mueren de hambre por no tener qué comer.
El punto de vista de la cultura actúa sobre un contexto, una suerte de marca en el mapa del espacio y el tiempo que nos da forma, nos llena de identidad, y mejor aún, nos permite darle sentido a nuestra existencia. Gracias a que tenemos lenguaje, tenemos cultura, y gracias a que tenemos cultura, somos como somos y nos establecemos en el mundo y en la vida. Existen pueblos y sociedades que han sido profundamente estudiadas para comprender el impacto que tiene la cultura. Algunos grupos de haitianos, por ejemplo, gracias a sus pautas culturales originales de África y mezcladas con los contextos aborígenes de la isla, son capaces de sugestionarse a tal extremo por la maldición que un vecino puede lanzarles, que es muy posible que se vuelvan locos creyendo que el espíritu de un muerto los vendrá a asesinar. Una realidad así, que para un haitiano es capaz de expresarse en su fisiología, y en su carne y en su piel, para un europeo del norte de Noruega no será más que mera superstición. Del mismo modo, el haitiano no comprendería jamás cómo es que los Noruegos evitan el conflicto y todas las manifestaciones de violencia en pro de mantener su sociedad en un perfecto orden. Ambas culturas no sólo no se comprenden, sino que posiblemente les será imposible comunicarse en grados de mayor profundidad.
El ejemplo anterior es muy básico y alude a estereotipos culturales; esos que comparan sociedades lejanas, como indios con franceses o chinos con cubanos, pero más de ciento cincuenta años de estudios culturales han dado paso a modernas visiones y avanzadas teorías que suponen hoy por hoy, que dentro de las mismas sociedades y culturas, existen otras culturas, más pequeñas e igualmente autónomas, aunque adscritas a estructuras sociales y políticas comunes. Una de esas culturas internas, es el mundo de los llamados pobres o personas en riesgo social. Y su contraparte, sería la industria de servicios financieros. Entre ellas, las compañías de seguro.
La comprensión del mundo del riesgo social se hace cada vez más difícil debido a que día tras día avanza la especialización social y la compartimentación. La sociedad está cada vez más desintegrada y compleja, y los más pudientes se retiran a sus condominios y barrios cerrados del mismo modo como la gente de escasos recursos lo hace a sus guetos. Nos unen cada vez menos espacios de participación común en la ciudad. Sólo nos visualizamos en los medios de comunicación y casi siempre estereotipados: los pobres como delincuentes, los pobres como víctimas de catástrofes, los pobres como representantes folclóricos de la cultura popular. Rara vez los vemos y entendemos en su contexto y espacio de convivencia y vida diaria. Desconocemos que entre los pobres abunda la solidaridad. Y, si es que lo sabemos, desconocemos cómo se produce y expresa esa solidaridad. Desconocemos incluso que muchos de ellos ahorran y que tienen dinero de sobra para comprar seguros… En otras palabras, los pobres son otra cultura, un mundo aparte, tan lejano y difícil de entender como lo podría ser una sociedad africana perdida en lo profundo del Congo.
Hasta aquí, el problema descrito no es más que socio antropológico, histórico si se quiere, incluso anecdótico para el quehacer diario de una Compañía de Seguros, pero comienza a pesar grandemente cuando vemos que esta misma gente de la que desconocemos TODO, se convierten en nuestro tarjet de negocios, en el fin último de una oferta de productos de microseguros. Porque no caemos en la cuenta que la demanda de productos de estas personas están en función de sus propias necesidades y no de aquellas que le son creadas en una oficina de publicidad, como experiencia de las necesidades de esos mismos publicistas. En el caso de productos comunes y de baja complejidad, como la compra de un televisor, una bebida o vestimenta, este segmento de la sociedad actúa casi de la misma manera que los otros segmentos: por la vía de la creación de necesidades y de modelos que son utilizados para generar e incentivar una determinada conducta de consumo. Grandes maestros de esto son los publicistas. Sin embargo, ante la complejidad de los seguros el problema se vuelve un gran dolor de cabeza para los responsables del mercadeo.
A los destinatarios potenciales de microseguros no se les pueden crear necesidades de asegurabilidad de la misma manera como se crea el interés compulsivo por una determinada marca de zapatillas, por cuanto la conciencia de un seguro es un fenómeno que obedece a un acto totalmente distinto y que probablemente no se encuentra en el subconsciente como un interruptor al que se puede activar con un ON o un OFF.
Me equivoco con lo anterior. A estas personas SÍ se les pueden crear necesidades de asegurabilidad. A estos millones de personas sí se les pueden crear necesidades, pero únicamente comprendiendo cuales son y dónde ponen el énfasis en cuanto a las nociones de “riesgo”. Esta es la clave del asunto, comprender qué entienden estas personas por “riesgo”. Lo demás vendrá sólo. Es decir, será fácilmente estimulable la adquisición de seguros en los segmentos de bajos ingresos si se sabe a ciencia cierta provocarlos ahí donde la necesidad toma fuerza y el sentido de la propia precariedad e inseguridad se manifiestan en su experiencia diaria. Pero hay que tenerlo muy claro: no será de la misma forma cómo actúa en nosotros -quienes tenemos más recursos, hemos tenido una mejor educación y somos el tarjet de la oferta tradicional de seguros. Por lo tanto nuestra conciencia del “riesgo” es diferente. Digamoslo: más individual.
Uno de los temas que hemos abordado con extrema dedicación en IMR ha sido el tema del “riesgo”, en tanto este es un concepto relativo que varía de cultura en cultura y que determina el éxito o fracaso de una propuesta de asegurabilidad. En mi siguiente entrada a este Blog, me extenderé con más detalle y precisión sobre el concepto de “riesgo” y su extrema relación con los microseguros.
Monterrey, México – Marzo de 2010
Chile: Enfrentando Un Terremoto sin Microseguros
Marzo 9th, 2010 by Hernan Poblete MirandaEstoy escribiendo este Blog desde Dallas, Tx; hace exactamente una semana y dos días se produjo en Chile un terremoto seguido de tsunami que devastó casi la totalidad de la línea costera central de mi país. Salir de Chile fue toda una aventura. El aeropuerto estuvo cerrado casi cuatro días y hoy está lleno de tiendas de campaña y zonas cerradas por peligro de derrumbe. Mientras estuve en la fila de chequeo imaginé que algo parecido debe haber sido estar en el aeropuerto de Sarajevo a mediados de los noventa. Y no es para menos, la magnitud de terremoto fue tal alta que se ubicó en el 5º lugar entre los terremotos más poderosos que han sacudido la tierra desde que hay medición. 8,8º en la escala de Richter. Para que tengan una idea, el terremoto de Haití, que se cobró la vida de casi 250 mil personas hace dos meses fue de 7,7º. Mi familia y yo estuvimos en medio del horror en Chile. Despertamos a las 3.35 de la mañana con el típico ruido subterráneo en la forma que percibe la proximidad creciente de un ferrocarril o el despegue de un avión. Luego vino un sacudón que nos lanzó a todos al suelo. Y ahí el tiempo se detuvo. Un movimiento frío, brutal, que duró casi 2 minutos. 2 minutos eternos donde sientes que la vida está a punto de serte cobrada y nada hay que lo impida ni te salve. Muchos ruegan a Dios y le lanzan gritos de piedad. Miras a tus hijos que se tambalean y caen, sientes gritos de pavor y desconcierto, sonidos de platos quebrándose, cuadros que caen de sus murallas, ventanas que estallan, perros que ladran, paredes que crujen, latas que parecen caer muy cerca de tuyo y donde ya nada es posible porque ni siquiera correr donde tus hijos a socorrerlos puedes te es posible…
Chile posee una larga historia de terremotos. En 1960, Valdivia, una hermosa y colorida ciudad del sur del país fue asolada por el que ha sido hasta ahora el más poderoso terremoto de la historia, con 9,6º grados en la escala de Richter y más de 10 mil muertos. En aquel entonces, y al igual que ahora, un maremoto se cebó las costas de un mar Pacífico que sólo tiene ese nombre a esta altura del planeta. Mi padre, que ha vivido 4 terremotos en sus 85 años de vida, incluyendo el de Valdivia, sufrió este último seísmo a no más de 100 kilómetros del epicentro, en la zona de Chillán, y me contaba a través de una escuálida señal de celular que se cortaba cada 3 minutos que éste había sido el peor de todos los terremotos que él ha sufrido, al punto que en medio del estruendo y sin poder salir de su casa a plena noche levantó las manos al cielo y gritando le imploró a un Dios castigador que parara este horror. Que por favor parara este horror. Y ese Dios Altísimo, que nos tiene a todos en su Voluntad y a Su merced, así lo hizo para mi padre y su familia, nosotros, privilegiados, que tenemos la suerte de vivir en casas antisísmicas o incluso más, tuvimos la suerte de no estar en las zonas costeras cuando vinieron las dos olas gigantes que se llevaron la maravillosa vida de cientos de hombres, mujeres y niños que disfrutaban de los últimos días del verano meridional.
Y a eso que llaman suerte, algunos también le llaman “bendición” y otros “fruto del trabajo individual” y “previsión”. Yo le llamo todas esas cosas y le agrego y complemento con “esfuerzo colectivo” en las acciones que hacen que cada uno de nosotros esté al menos protegido con un seguro si sobrevive o nos sobreviven. Pues a pesar que hay más de 500 muertos y unos 200 desaparecidos, son más de 2 millones los afectados por esta crisis. Por su lado, el gobierno calcula que más de 16 mil familias que vivían en viviendas sociales perdieron el 100% de sus casas. Eso sin incluir a todos los cientos de miles que no vivían en viviendas sociales y que también lo perdieron todo y quedan fuera de los planes estatales de protección. ¿Qué ocurre con esa gente? Una parte importante se verá condenada al empobrecimiento. Representantes de las mayores reaseguradoras del mundo, Swiss Re y Munich Re, estiman en más de 7000 millones de dólares las indemnizaciones que tendrá que pagar la industria de seguros, y para dar una muestra de solidaridad, las compañías locales han flexibilizado las denuncias de daño a fin de que los plazos se alarguen durante el periodo de crisis.
Pero seamos claros, ¿Cuántos de esos 7 mil millones de dólares corresponden realmente a indemnizaciones para las poblaciones menos pudientes y que lo perdieron todo en Iloca, Constitución, Cobquecura, Talca, San Carlos (donde viven mis padres) o mismo en Isla de Maipú donde vivo y que al igual que todas las ciudades, villorrios, pequeños poblados y caletas del sur cuenta con más de 80% de sus poblaciones en riesgo de retornar a la pobreza? Probablemente menos de 2% del total de los pagos de siniestros. El terremoto de Chile ha dejado al descubierto un drama mayor. Que ese mentado desarrollo que tanto se admira en el exterior es sólo un fenómeno urbano, y que beneficia sólo a una pequeña parte de la población. No sólo en tanto cuanto a los beneficios de la distribución de la riqueza, sino al acceso a herramientas de calidad en la protección frente al riesgo, como son los micro-seguros. Sin embargo, los microseguros no están desarrollados en este país. Al final será el Estado quien tendrá que pagar por la reconstrucción dejando en manos de políticos y mandos medios, muchas veces ineficientes, la reconstrucción de una precariedad de la que ellos mismos son mayormente responsables al no prever herramientas que transfieran el riesgo.
Ayer, el diario La Nación de Argentina, en una completa nota sobre el terremoto, refería dos realidades que conviven en Chile: un país aspirante a desarrollado, que es invitado a la OCDE (Organización para la Cooperación y el desarrollo Económico), alumno aventajado de los principales fondos y organismos multilaterales y paradigma económico, y otro, muy distinto y oculto, el de un país que vive el día a día, subdesarrollo y en la precariedad de verse expuesto a desastres y calamidades escondidas tras una fachada de exitismo y pretensión. Otro medio, The New York Times en su edición de hoy señala que los verdaderos daños del horror de la semana pasada se encuentran “dentro”, aludiendo tanto a la destrucción de las casas tras las fachadas, como a ese Chile profundo que suele no verse ni mencionarse en foros internacionales y que hoy para su desgracia salió a la luz de la peor forma. Un Chile traslapado que no es distinto al resto de Latinoamérica, zonas y poblaciones completas que van quedando rezagadas porque tanto el desarrollo en sus países, como el acceso a bienes de calidad es “central”, con grandes urbes de centros hiperdesarrollados y mega estructuras de cristal que actúan al mismo tiempo como murallas para ocultar la pobreza que se dispara hacia los márgenes, escalando laderas, cerros y bordes cada vez más alejados. Así ocurre en Lima con zonas como Puente Camote, entre Independencia y San Martín de Porres, y así pasa en Santiago de Chile, tal vez sin la espectacularidad desordenada de Lima, pero con índices de violencia, precariedad y hacinamiento superiores, como sucede en las barriadas de Puente Alto y La Pintana.
Lo que ha dejado al descubierto el Mega Terremoto de la pasada semana es que Chile, con más del 4,0% de su PIB correspondiente a Seguros de Vida, tampoco cuenta con una base estructurada de planes de microseguros para la población. Y eso es algo grave, sobre todo porque la misma presidenta Bachellet reconoció que la reconstrucción del país le tomará al Fisco más de 30 mil millones de dólares. Tal vez sea tarde para los cientos de miles de familias que en este preciso momento duermen en tiendas de campaña y observan con preocupación creciente que este 21 de marzo termina el verano y comienza el otoño.
Y, de ahí, el crudo invierno, la lluvia, el viento frío y gélido del sur.
